La aprobación de la Ley de Acceso a la Información Pública (LAIP) en Nicaragua el 16 de mayo 2007 cuya vigencia se hace efectiva 180 días (6 meses) después de su publicación en La Gaceta -aproximadamente el 22 de diciembre del 2007- debería abrir un nuevo capítulo en la discusión del rol de la información para el desarrollo socio-económico del país, en la que las y los bibliotecarios tenemos mucho que aportar. Con esta ley las discusiones –antes y después- se han concentrado en la transparencia de la gestión gubernamental, tan necesaria en un país donde des-culturalmente sus funcionarios públicos se ven envueltos en escándalos por corrupción. Sin embargo, fuera de agenda ha estado la discusión sobre el acceso a la información (sus facilidades y sus obstáculos) que se produce en y sobre Nicaragua, misma que no está completamente sujeta a ninguna ley.
A pesar de que la responsabilidad le corresponde a la Biblioteca Nacional, en Nicaragua todavía no se ha establecido con firmeza el control de la bibliografía (materiales de información en distintos soportes físicos: papel, cintas, electrónicos) que el país produce. Se pensaba que la Ley de Depósito Legal (LDL) promulgada en 2001 y cuatro años después declarada inconstitucional por la Corte Suprema de Justicia (Sentencia No. 16 del 31 de marzo del 2005) ayudaría con este propósito. Mientras la Ley de Acceso a la Información Pública (LAIP), tiene por similitud con la inconstitucional ley de depósito legal, en que se limitan a un grupo de documentos en forma exclusiva: la LDL sólo a los materiales que se producían por imprenta considerados de Biblioteca, y la LAIP, sólo a la información estatal, considerada por muchos como material de archivo, pero que incluye también mucho material de biblioteca (informes de investigación, diagnósticos, propuestas, proyectos, etc.)
Sin embargo, la producción de información generalmente fundamentada en propósitos específicos, tendientes al desarrollo, individual o comunitario, así sea la economía, la salud, los recursos naturales, la recreación, etc., no sólo es generada por el estado ni toda es reproducida en grandes cantidades y en imprenta. Por lo tanto, las dos leyes mencionadas dejan fuera de su influencia una gran cantidad de información que producen –por las mismas razones- la empresa privada, la sociedad civil, universidades, y muchas otras manifestaciones institucionales no estatales en la metrópoli y en cada uno de los municipios del país.
1.- Manifestaciones de la falta de control bibliográfico
La falta de control bibliográfico le crea un conflicto al país. Como es sabido –"quien no conoce la historia está condenado a repetirla"- la posibilidad de repetir una investigación, o los errores que otros ya cometieron al tratar de darle solución a un problema en el pasado es más latente. La transferencia de tecnología y de respuestas a las necesidades que aquejan a una comunidad similares a las de dónde ya se obtuvo respuesta y está registrada en documentos es, irremediablemente, nula sin la existencia de un control bibliográfico.
Pero esta afirmación, que muchos intentarán refutar con la mera existencia de Internet, por ejemplo, es sólo el enunciado del problema. Tomaremos de muestra para representarlo dos grandes consecuencias:
1.1.- Inexistencia de la información de cobertura local
Ninguna biblioteca llámese nacional o que por su desarrollo y/o contenido de sus colecciones pretenden serlo (bibliotecas del Banco Central-BBCN y del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica IHNCA-UCA, por ejemplo) ofrecen una cobertura nacional de la producción bibliográfica. Aun con todo el esfuerzo que han realizado con apoyo estatal, ninguna de estas tres bibliotecas poseen, y por lo tanto no pueden ofrecer, información histórica y/o corriente sobre cada municipio de Nicaragua.
Pero el problema es mayor, porque aunque cada municipio es productor de información, generalmente no comercial (documentos distribuidos en pequeñas cantidades), en ninguno de ellos se localiza concentrada en un solo depósito o biblioteca, como es de esperar. La biblioteca pública, municipal o comunitaria, debería estar desempeñando este rol, pero en la práctica, la necesidad de dar respuesta a las demandas escolares y la falta de apoyo institucional empezando por el bajo presupuesto de funcionamiento de las mismas, ha desviado su atención en el cumplimiento de esta función recopiladora y resguardadora de la producción bibliográfica local. Sin embargo, al margen de esta situación, existen algunos esfuerzos tesoneros pero aislados –en tanto no tienen el cobijo de una política estatal- de historiadores personales o de instituciones que están construyendo la historia de sus municipios y/o regiones: Eddy Kuhl en Matagalpa, ADESO en Las Segovias, Maritza Vargas y Sergio Espinoza en Rivas con la revista Nicaraocalli, el Centro de Investigaciones y Documentación de la Costa Atlántica –CIDCA-UCA, el Centro de Historia de Managua de la Alcaldía capitalina, y otros pocos, que tienden a compilar y resguardar la información fuente sobre sus propias realidades.
1.2.- Desconocimiento de la producción bibliográfica nacional
La biblioteca nacional ha realizado insignes esfuerzos por darnos a conocer sólo uno de los productos del control bibliográfico: la bibliografía nacional, que es la lista ordenada por algún criterio, de lo que se ha producido en el país o sobre él en voluminosos ejemplares (1850-1978, 3 tomos, 1979-1989, 1990-1992, 1993-1995 y sucesivamente). Sin embargo, la primera significó un trabajo con un costo millonario, visitando las principales bibliotecas encontradas al triunfo de la revolución en Nicaragua y otras en el extranjero. Las demás también han significado el esfuerzo de “buscar” los libros, documentos y demás fuera de la biblioteca. Pero estos esfuerzos sólo han tenido como fin la lista.
Al faltar este control bibliográfico, nos es difícil (no imposible) poder establecer con precisión ¿qué producimos?, ¿sobre qué temas?, ¿en qué idiomas?, ¿qué contenido geográfico abarcan?, ¿quiénes son los autores?, ¿qué autores producen más: los institucionales gubernamentales o los no gubernamentales, la empresa privada, o simples autores personales?, ¿en qué período se produjo más?, ¿qué tipo de producción: comercial o no comercial?, ¿qué tipo de literatura: recreativa, tecnológica, histórica, social, económica, etc.? Todos estos indicadores y otros más que se deben establecer, deberían permitir realizar un informe anual de la producción bibliográfica, analizándolos en forma independiente y cruzando algunos de estos indicadores entre sí: por ejemplo: conocer los autores especializados por tema: el gobierno, la empresa privada, las universidades o los autores personales no vinculados a ninguna institución; o el tema que más atención recibió en un período determinado: el municipio que más producción bibliográfica tuvo en un determinado período, etc.
Estos informes deberán de realizarse cada año (como los informes de gestión) y/o por períodos más prolongados y/o que marquen un hito en la historia nacional, por ejemplo, cada período de gobierno. Interesante resultará conocer que gobierno fue más fructífero en esta categoría. Sobra decir, que la producción de información no conlleva necesariamente su aplicación, con lo cual el control bibliográfico nos permitirá identificar en donde estamos gastando dinero público en algo que ya otros gobiernos han realizado, pero también permitirá a las auditorías sociales identificar cómo se están aplicando las soluciones a las demandas de la población y al desarrollo nacional que al menos en papel (o en formato electrónico) existen
2.- Buscándole salida al problema
Si seguimos con esta cultura del no Control Bibliográfico, la memoria histórica de Nicaragua se irá perdiendo y acabaremos acostumbrándonos a que la historia se escribe con lo que se produce en la metrópoli y/o en las principales cabeceras departamentales. O realizando insignes esfuerzos, como los que realiza el Departamento de Historia de la UNAN-Managua, que en un período relativamente corto ha concentrado esfuerzos en distintos departamentos del país para escribir la historia de los mismos, pero no se tiene noticia de la concentración de información bibliográfica o documental que ha servido como fuente.
Por lo tanto, es responsabilidad de las y los bibliotecarios de cada biblioteca (no importa su tipo) pero en especial de la Biblioteca Nacional y de las bibliotecas públicas, asegurar que la producción bibliográfica local, esté resguardado en dichas bibliotecas y organizadas de tal manera que las y los usuarios acudan con la confianza de que ahí encontrarán la información que deseen sobre su municipio. Pero es también responsabilidad de los productores de información (instituciones estatales, ONG, movimientos, empresa privada, autores personales) garantizar que sus obras estén depositadas en la biblioteca comunitaria para los fines mencionados.
A esta lista de responsabilidades se suman el gobierno central y las municipalidades que deben, con visión de desarrollo, facilitar los recursos necesarios a la Biblioteca Nacional y a las bibliotecas públicas respectivamente, para el cumplimiento de esta misión. Los organismos no gubernamentales, la empresa privada y otros, podrían asimismo brindar aportes económicos que ayuden a estas bibliotecas a implementar y consolidar el control bibliográfico nicaragüense.
Mientras tanto sería importante pensar en un plan de doble vía. El primero que rescate lo pasado, una acción mancomunada entre las bibliotecas mencionadas y los actores locales. La segunda vía es la implementación de un sistema de control de la producción corriente, con alianzas formales entre productores de información y las bibliotecas. Y, para ambos, obviamente, no debe descartarse la implementación de la tecnología para poder transferir a electrónico el bagaje cultural que tenemos en papel y poderlo hacer accesible a toda la población de Nicaragua y a cuanto interesado en nuestro país desde cualquier parte del mundo.
El control de la producción bibliográfica no es sólo la lista (bibliografía) que se publica irregularmente. Es poder controlar toda la producción bibliográfica desde cada una de las municipalidades nicaragüenses que faciliten su búsqueda y recuperación para las soluciones que el país demanda. Es poder decir, con esto cuento. Aquí está la solución.
James Campbell Jerez
Bibliotecólogo y Consultor en Organización y Procesamiento de Información
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