domingo 3 de junio de 2007

Bibliotecas públicas vs. bibliotecas virtuales

El título de éste fue el tema por el cual participé en el primer programa radial “Onda Local” 2007 que se transmite todos los viernes en horario de 8:00 a 10:00am en radio La Primerísima, y que es conducido por los periodistas Patricia Orozco y Carlos Fernando Chamorro.

En el corto tiempo (menos de una hora) abordar el tema con cuatro participantes distintos, con experiencias distintas (Nora Zavala, bibliotecas públicas; Martha María Aburto, bibliotecas especializadas y virtuales, María Luisa Fernández, bibliotecas universitarias; y este servidor dedicado a la investigación y docencia bibliotecológica) resultó, a mi modo de ver, en una suerte de opiniones en las que las realidades representadas dificilmente, y sólo por el poco tiempo, lograron una verdadera conjugación. Por ello me atrevo a realizar algunas puntualizaciones, desde este lado de mi acera, sobre tres aspectos:

Primero, el tema mismo del programa: Biblioteca pública vs. biblioteca virtual, en el cual, y según la ascultación que las periodistas del programa habían realizado, la población prefiere el uso de internet a la biblioteca, básicamente por el problema del acceso (Internet está en la esquima de mi cuadra, mientras que la biblioteca, cuando se sabe donde queda es muy dificil llegar a ellas). Incluso hay bibliotecas en las que el acceso no es para todo público a menos que pague una cuota periódica solamente para consultar libros.

Yo soy de la opinión que la tecnología o el acceso a ella para los objetivos e intereses de cada persona no es (no debe ser) el fin sino el medio. Las tecnologías de la información y comunicación (TIC) no escapan de esta premisa. En internet, o la gran biblioteca virtual, uno encuentra con facilidad una gran cantidad de información como respuesta ante la pregunta más inversosimil que se pueda formular. Un mil sitios WWW (páginas y/o portales le llaman algunos) es la respuesta conservadora menos abrumadora. Pero la realidad es tan diferente –y obviamente, menos conservadora y sí más abrumadora- que leer (y estudiar) los resultados de esta respuesta es una tarea para Tom Cruise en cada una de los episodios de Misión Imposible. Es decir, dificilmente una persona puede (no tiene capacidad) en el corto tiempo de conexión, revisar cada una de las un mil páginas o sitios web encontrados. El símil es preguntar en una biblioteca física por un tema y como respuesta el o la bibliotecaria nos ofrezcan 200 libros o más para consultar. Realmente es abrumador.

Esto, lo único que ha producido es lo que ahora –y no en el programa radial- voy a llamar perezosos intelectuales, aunque en verdad y en buen nicaragüense se llaman ladrones intelectuales. Los docentes, cuando quieren y los identifican, lo llaman plagio. Sin embargo, muchos docentes están permitiendo que estas personas se limiten a copiar y a pegar (copy and paste) en un nuevo documento lo que el Internet les ha dado como respuesta a sus preguntas, generalmente formuladas por una obligación académica. Y este, creo, es el fenómeno más goblalizado existente.

Por eso la tecnología, insisto, no ha desplazado al bibliotecario de sus tareas intelectuales de analizar el contenido de un libro y extraer de él y según cada biblioteca, aquellos términos por los cuales será identificado ante determinadas preguntas. Para esto, las y los bibliotecarios deben estar claros que su misión es la de servir de intermediario entre la persona que escribe (autor/a) y la persona que demanda (usuario/a) y, realizar con escrupulosa dedicación, el trabajo de lograr que cada libro de su biblioteca pueda ser leído por una o un usuario. Si son más mucho mejor, muchísimo mejor.

Pero es que el problema tampoco se limita al acceso. ¿Cuántos de estas personas que les resulta mejor ir al Internet tiene en su casa el medio tecnológico para “leer y estudiar” lo que en una hora de navegación (c$ 10.00 promedio) lograron copiar? ¿En qué copiaron: en un disket de 1.4.MB o en una Memory Flash de 126mb (la más pequeña). Agrego otro elemento de la realidad a mi pregunta: ¿cuántos de estas personas que no tienen medios de lectura electrónica en casa, tienen el dinero suficiente para “reproducir” en “físico” lo que han logrado identificar como “importante” para sus fines? En este momento me asalta la duda de la certidumbre de que es más barata la fotocopia de un libro que la impresión de un documento electrónico de igual cantidad de páginas. Y si se quieren a colores, la cosa, el dinero, el efectivo va má allá.

El segundo tema, también abordado por la población entrevistada por el programa radial fue el de la obsolescencia de los libros en las bibliotecas. Es decir, existe la creencia en el imaginario colectivo de la población de que los libros en las bibliotecas, nuestras bibliotecas, son obsoletos. A pesar de existir algunas reglas que ayudan a las grandes bibliotecas –principalmente universitarias y escolares- a decidir el grado (tiempo) de uso de los libros según su fecha de publicación, por lo general, y, por favor, léanme enfatico, NINGÚN LIBRO ES OBSOLETO. Los libros siempre tienen algo que decirnos, algo que informarnos, desconocido para nosotros. De educarnos cuando somos capaces de ir más allá de la lectura por compromiso. En Nicaragua, que ocupamos el lugar 112 de un total de 177 países estudiados (clasificados como hacemos los y las bibliotecarios) en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de las Naciones Unidas, lo que significa entre otras particularidaes (carencias), que la gran mayopría de las y los nicas, no tenemos acceso a agua potable, (ya no digamos a servicios sanitarios y alcantarillas); a vivienda (digna por supuesto); a educación y salud (ambas de calidad y, como lo indica nuestra constitución que para algo ha de servir, gratuita), decir que tenemos libros obsoletos es una afirmación temeraria. Soy de la opinión y así lo he externado en otros artículos y en otros espacios, que lo que hace falta en nuestro país es un estudio de necesidades (demanda) y de libros existentes (oferta) al menos en las instituciones públicas, de tal suerte que se logre cumplir con la premisa de que cada libro tenga la oportunidad de ser leído o estudiado por, al menos, una o un usuario.

Por mi experiencia en investigación de la realidad bibliotecaria nicaragüense, se que hay libros en cada biblioteca de Nicaragua que son convertidos en verdaderos Best seller. Cada bibliotecaria y bibliotecario de este país (pueden ser de todo el planeta) tiene un solo libro en que leer por cada tema. Y si la biblioteca no posee catálogos en fichas ni impresos, ni cuenta con el recurso tecnológico como herramienta para buscar el contenido de lo existente en cada una de las piezas de la colección, significa que los “demás” libros de ESA biblioteca sólo son tocados (usados) por el tiempo y con él, el polvo, la humedad y, muchas veces, la polilla. ¿Obsoletos entonces? No lo creo.

El tercer tema abordado fue la falta de hábito de lectura de la población. La conductora del programa hizo la pregunta “¿es cierto que en el imaginario colectivo de la población, las bibliotecas sólo están siendo usadas por niñas y niños, adolescentes y jóvenes? Y con ello, agrego, los programas de formación de usuarios y de promoción de hábitos de lectura en Nicaragua, están dirigidos a este sector, si acaso los hay, además? Repito, mis colegas y yo respondimos que era cierto. Lo que el tiempo en el programa no permitió fue abordar las causas del fenómeno. Menos las consecuencias y con ello, identificar pistas para modificar esta realidad. Las representantes de la biblioteca virtual y de la universitaria en el programa afirmaron que en sus propios espacios, atienden a usuarios mayores, incluyendo las personas de la tercera edad. Lo que no –me- quedó claro es si existen programas de promoción de lectura específicos hacia este sector de usuarias y usuarios?. Y si es así, la experiencia es reproducible? Hay datos? Hay lecciones que estudiar?

Mientras tanto, la representante de las bibliotecas públicas además de responder afirmativamente, lo justifica aduciendo, acertadamente, que es en la niñez donde se logra crear el hábito de lectura. Y con datos en mano, ilustra el resultado del plan quinquenal de promoción de la lectura desde las bibliotecas públicas en el cual se pasó de setecientos catorce mil (714,000) en 2005 a un millón veinte mil ochocientos (1,020,800) usuarias y usuarios en 2006. Sin embargo, y conociendo la estructura y limitantes de las estadísticas en Nicaragua, resultó irrefutable mi afirmación de que esos datos sólo significan demanda y no, necesariamente número de personas. Es decir, una persona puede hacer uso de la biblioteca todos los días (una o un buen estudiante en la universidad) y no por eso se convierte en 30 usuarias o usuarios al mes, como en la actualidad se registra el dato en la mayoría de las bibliotecas. Y como es innegable el incremento en las cifras, la biblioteca pública tiene que saber cuál es la diferencia. Eso le ayudará más que pensar en un aparente éxito del programa.

En más de alguna ocasión he afirmado que Nicaragua, siendo un país de poetas no es un país de lectores. Y si mi respuesta fue afirmativa a la pregunta de Patricia, es porque afirmo que las y los únicos consumidores de información son los que tienen obligación “académica” (estudiantes de primaria, secundaria, universitarios) o laboral (para la biblioteca virtual). La simple recreación a través de la lectura y sin importar el grupo étareo no es siquiera considerado.

Para finalizar, en el programa radial hicimos un llamado a las autoridades locales para apoyar los esfuerzos de las bibliotecas públicas existentes, y a la población a demandar de sus autoridades locales el cumplimiento de esta responsabilidad. Sin embargo, es también obligación del gobierno central (ejecutivo, educación, cultura) tener una posición ante este tema. La cuestión es: ¿cuál es la posición de las nuevas autoridades electas y designadas frente a esta compleja problemática? ¿Es la biblioteca sólo un tema que nunca cobra moda o es en verdad un espacio que se debe potenciar para el verdadero desarrollo de las y los nicaragüenses?

4 comentarios:

Anónimo dijo...

PRIMERO QUE TODO LO FELICITO POR SU PAGINA ME PARECE EXELENTE QUE PUBLIQUE SOBRE LAS BIBLIOTECAS EN NICARAGUA
SIGUA PUBLICANDO ESTOS TEMAS DE INDOLE INTERES

RÓGER RODRÍGUEZ SOLÓRZANO.

Mi correo para que me escriba:

rogdrigmax@yahoo.com
djrodriguez_28@hotmail.com

James dijo...

Estimado Róger:

Definitivamente que la intención es seguir publicando e invitando a la reflexión y discusión sobre los temas de la bibliotecología y las bibliotecas en Nicaragua. Te respondo tus comentarios a las direcciones que me indicastes. Te informo que también son bienvenidos los aportes que otros y otras colegas quieran publicar en este sitio.

Fraterno

James

WWG dijo...

Hi, Good Blog :)
Look from Quebec Canada
http://www.wwg1.com

WWG :)

Anónimo dijo...

Buen tema abordado, :) saludos